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Llevamos tanto tiempo aletargados por la incesante presencia de esta en nuestras vidas, que estamos llegando al punto de no retorno, en que comenzamos a creer que ya no existe otra cosa. De esta forma, cuando nos chocamos en la vida con alguna de esas pocas personas que quedan, que nos exige dar un poco más, ser capaces de rizar el rizo al máximo y poner contra las cuerdas los límites de nuestras capacidades, para de esta manera descubrir que están mucho más lejanos de lo que incluso nosotros creíamos, no sólo no lo entendemos y desvalorizamos, sino que ejercemos ese derecho, en el que esta nuestra sociedad española es líder indiscutible, el tantas veces llamado derecho al pataleo. Porque el trabajo ha de ser valorado, sí, pero ha de serlo más cuando los resultados son excelentes, y eso solo se consigue arremangándonos nuestros jerseys de cashemira y embadurnándonos hasta el fondo, en la búsqueda de la potencialización de nuestras capacidades. Interés, inquietud, orgullo y trabajo. Y dejémonos de quejar, que eso no lleva a ninguna parte, ¡hombre ya!


