Mostrando entradas con la etiqueta educación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta educación. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de enero de 2013

Mirar sin ver



Me miro al espejo, eso es fácil, lo he hecho cientos de veces. Me miro, observo, anoto mentalmente cuanto detalle pueda observar, pueda marcar mi rostro, hacerlo característico, único, mío. Después de un rato, me aventuro ante el papel en blanco: primero encajes sin mirar el bloc, aun estamos dentro de lo fácil, ahora soy yo el modelo y sin dejar de mirarme voy trazando diversos apuntes de este primer reconocimiento. Ojos, nariz, boca, esto no es más que una escusa para seguir mirando. Me veo en conjunto y me reconozco, pero cuando voy parte por parte, mis ojos me son ajenos, la forma de mi nariz no me representa y la mueca de mi boca me es extraña, ¿cómo puedo ser yo y dejar de serlo al mismo tiempo? 

Saco punta al lápiz, y me aventuro a un croquis más detallado, primero el ojo, sube un poco, aguanta la curva para finalmente bajar abruptamente y formar el lagrimal. Dibujo y vuelvo a mirar. Continuo así durante toda la geometría de mi faz, no me detengo a pensar en cómo está quedando el resultado, aunque tengo la absoluta certeza de que no reconozco el rostro que estoy desvelando a cada trazo.  Efectivamente, no encuentro nada de mí en este dibujo, ¿cómo puede ser? A lo argo del curso, siempre ha existido ese aire en los dibujos, que si no se parecían a sus modelos, permitía un reconocimiento de tal. Pero ahora, nada, desde la celulosa me observa una cara que me es indiferente.

Más estudios, apuntes, y siempre lo mismo. Busco razones y le echo la culpa a los cambios de posición de mi cabeza entre el período de observación y el de dibujo. Para solucionar esto, pego el papel al espejo, así podré mirar y dibujar sin la fastidiosa necesidad de bajar la cabeza. Cambio de técnica, saco el carbón, empiezo. Estoy cerca del papel, demasiado cerca, pero no me doy cuenta hasta que no acabo, tomo distancia y la perspectiva me desvela un rostro deformado por el escorzo y la proximidad. Prácticamente un 1:1 que no es natural. Repito, esta vez lo intento de frente, busco controlar mis movimientos al máximo, no permitirme cambiar la posición de la cabeza. Me tenso, me está costando acabar. Finalmente termino, y de nuevo esa sensación de observar a una extraña, que para colmo, resulta excesivamente masculina, no soy yo. Último intento, vuelvo al lápiz, la herramienta que controlo mejor, y también al escorzo, una mirada traviesa, de lado se va materializando bajo mi grafito. Al finalizar, sigo sin ser yo, aunque para ser justos, es lo más cerca que he estado. 

Yo me conozco por dentro, llevo años estudiándome, analizando mis reacciones, mis pensamientos, mis deseos y anhelos, incluso mis celos y vanidades, todo para que nunca haya alguien que me conozca mejor de lo que lo hago yo, para que mitigar mis defectos en medida de lo posible, o al menos ser consciente de ellos, pero también serlo de mis virtudes. Y en este proceso de autoconocimiento, ¡¿he pasado por alto mis rasgos faciales?! Lo sé, los antimaterialistas, pensarán que eso no es lo importante, que lo verdaderamente importante es el interior. Sí, ya, pero dejando a un lado lo políticamente correcto, ¿cómo podemos cuidar nuestro aspecto, dar una imagen al mundo, si no sabemos cómo somos en realidad? Como elegir esos valores y ese estilo que creemos nos representan, si no podemos describirnos, si no nos conocemos. Porque en eso que dijo Einstein una vez “no entiendo lo que no soy capaz de dibujar” yo creo férreamente, y lo defenderé hasta la muerte, luego: no me entiendo. 

Y ¿cómo puede ser? Llevo 22 años mirándome al espejo, soy la primera en detectar las pequeñas imperfecciones propias de vivir, un granito, una mancha, o un nuevo lunar antes que nadie. Me lavo los dientes tres veces al día delante de un espejo, me peino, me seco el pelo, a veces hasta me lo aliso, incluso he bailado y cantado delante de la fría lámina de metal, y aun así no sé identificar mi rostro. Este es el defecto de mirar sin ver, y este curso he aprendido que eso es lo que hacemos de primeras todos. Pasamos por la vida mirando sin ver, y yo hoy que soy consciente de esta realidad, me pregunto ¿cuántas cosas nos habremos perdido por no ser capaces de observar, de hacerlo de verdad? 

Mi objetivo de ahora en adelante, es aprender a ver, o al menos intentarlo, empezando por mí, de modo que si algún día me cruzase conmigo misma, pudiese tener la capacidad de extrañarme ante tal suceso. Ya que creo que si tamaña incongruencia pudiese ocurrir, la inmensa mayoría de nosotros no seríamos capaces de darnos cuenta, y pasaríamos ante nuestro reflejo sin inmutarnos, o con tan solo los resquicios de una vaga familiaridad.

jueves, 10 de mayo de 2012

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Hoy toca homenajear a un grande, al Dios y Señor de las letras hispanas, Julio Cortázar, y para acompañarlo el vídeo de Migala, mezcla perfecta!!


Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.



viernes, 3 de febrero de 2012

CRISIS INTELECTUAL, visión de un estudiante universitario.

Crisis:

          1. f.Cambio brusco en el curso de una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya para agravarse el paciente.
2. f. Mutación importante en el desarrollo de otros procesos, ya de orden físico, ya históricos o espirituales.

3. f. Situación de un asunto o proceso cuando está en duda la continuación, modificación o cese.

4. f. Momento decisivo de un negocio grave y de consecuencias importantes.

5. f. Juicio que se hace de algo después de haberlo examinado cuidadosamente.

6. f. Escasez, carestía.

7. f. Situación dificultosa o complicada.


    Paro, mercados, economía, burbuja inmobiliaria, construcción, financiación... palabras que últimamente están tan presentes en nuestras vidas que parece que nos acompañan a diario vayamos donde vayamos. Y aun así, a pesar de que lo que los medios se esfuercen en hacer prevalecer esta crisis mundial económica, como el mayor de nuestros problemas, me pregunto yo: ¿no será  la crisis intelectual, la del pensamiento y los valores, que se expande como la pólvora a la sombra de la gran CRISIS mucho más dañina de cara a un futuro menos gris?

    Que estamos en un momento delicado es verdad, nadie lo niega, pero que es los momentos delicados en los que hay que demostrar la valía, eso lo sabe todo el mundo. No podemos seguir educando como hace 10 años, porque, nos guste o no, el mundo ha cambiado.

    Cuando los millones de estudiantes que pueblan hoy por hoy las facultades universitarias, salgan a la calle con sus títulos debajo del brazo, obtenidos en planes basados en unas realidades hoy por hoy inexistentes, no serán capaces de hacer frente a la realidad, porque saldrán con unas herramientas obsoletas, ineficaces y completamente inútiles de cara a las nuevas necesidades. Es ahora cuando se requiere un brote de valentía proveniente de los encargados de la educación de estas nuevas generaciones, es hora de que los politiqueos que pueblan las rectorías universitarias, se diluyan, se comience a trabajar en común por el futuro, se coja el toro por los cuernos, y se opte por un sistema educativo mucho menos teórico, y con la mirada puesta no en el pasado, ni en este presente cambiante e inestable, sino en el futuro que vendrá después de esta crisis. Luchemos por las generaciones que verdaderamente habrán de enfrentarse a los escombros que queden de la sociedad tal y como la conocemos, después del terremoto que estamos viviendo.

¡Seamos valientes, o perezcamos en el resultado!