Nos educan para creer, pero no lo hacen para soñar. Creemos palabras, discursos, personas, mentiras... E incluso cuando somos conscientes de que estos no son más que humo, tenemos que seguir ahí, fingiendo que creemos a pies juntillas, porque ser franco con uno mismo está mal visto, y creer en los ójalas, es tachado de inmadurez.
Pues yo hoy voy a ser niña, voy a volver a soñar, a volver a sonreír, a dejar aun lado toda la carroña marrón de aura borrosa, que solo enturbia mis lúcidas noches de ensueño, en las que vuelvo a ser princesa aventurera, y en las que a los príncipes soy yo quien los derroca de sus caballos. Hoy vuelvo al mundo en el que no necesito a nadie ni nada de ese catálogo de cosas innecesarias que cada mes me llega por correspondencia a mi bandeja de entrada. Me libero de los prejuicios y de las ataduras invisibles que me acorralan sin siquiera darme cuenta, porque parece ser que es a lo que todos estamos destinados...
Si vosotros no queréis no me sigáis, nunca he necesitado un séquito de seguidores, si no queréis soñar con noches despejadas en las que volver a ver brillar las estrellas, haya vosotros, no soy quién para juzgar ni mucho menos para intentar convencer, pues vida solo hay una y cada quien la desperdicia a su manera, unos soñando miradas lascivas entre sábanas de espuma, otros adormecidos bajo el efecto aletargador de las palabras envenenadas, y quien menos en subir a la montaña más alta que se cruce en su camino. No sabría entre quienes situar mi desquiciada persona, pero seguro que tampoco lo quiero descubrir, porque el conocimiento y la certeza solo son la muerte del éxtasis, y de la aventura, y por ahora no aspiro a nada más.
lunes, 4 de febrero de 2013
miércoles, 30 de enero de 2013
No podrán conmigo por mucho que lo intenten
Otra vez choco contra la misma pared.
Otra vez el sabor metálico de la sangre surgiendo a borbotones de una herida fresca, que todavía tardará en cicatrizar.
Otra vez sola ante la misma frustración, vacía, seca.
Pero no es suficiente para arrastrarme al abismo, porque por muy en el suelo que esté, siempre resurjo más fuerte, dura y fría.
Y ante tal realidad solo advierto, que nunca podréis conmigo, porque siempre tengo algo más guardado en la recámara.
Otra vez el sabor metálico de la sangre surgiendo a borbotones de una herida fresca, que todavía tardará en cicatrizar.
Otra vez sola ante la misma frustración, vacía, seca.
Pero no es suficiente para arrastrarme al abismo, porque por muy en el suelo que esté, siempre resurjo más fuerte, dura y fría.
Y ante tal realidad solo advierto, que nunca podréis conmigo, porque siempre tengo algo más guardado en la recámara.
domingo, 13 de enero de 2013
Mirar sin ver
Me miro al espejo, eso es fácil, lo he hecho
cientos de veces. Me miro, observo, anoto mentalmente cuanto detalle pueda
observar, pueda marcar mi rostro, hacerlo característico, único, mío. Después
de un rato, me aventuro ante el papel en blanco: primero encajes sin mirar el bloc,
aun estamos dentro de lo fácil, ahora soy yo el modelo y sin dejar de mirarme
voy trazando diversos apuntes de este primer reconocimiento. Ojos, nariz, boca,
esto no es más que una escusa para seguir mirando. Me veo en conjunto y me
reconozco, pero cuando voy parte por parte, mis ojos me son ajenos, la forma de
mi nariz no me representa y la mueca de mi boca me es extraña, ¿cómo puedo ser
yo y dejar de serlo al mismo tiempo?
Saco punta al lápiz, y me aventuro a un
croquis más detallado, primero el ojo, sube un poco, aguanta la curva para
finalmente bajar abruptamente y formar el lagrimal. Dibujo y vuelvo a mirar.
Continuo así durante toda la geometría de mi faz, no me detengo a pensar en cómo
está quedando el resultado, aunque tengo la absoluta certeza de que no
reconozco el rostro que estoy desvelando a cada trazo. Efectivamente, no encuentro nada de mí en
este dibujo, ¿cómo puede ser? A lo argo del curso, siempre ha existido ese aire
en los dibujos, que si no se parecían a sus modelos, permitía un reconocimiento
de tal. Pero ahora, nada, desde la celulosa me observa una cara que me es
indiferente.
Más estudios, apuntes, y siempre lo mismo. Busco
razones y le echo la culpa a los cambios de posición de mi cabeza entre el
período de observación y el de dibujo. Para solucionar esto, pego el papel al
espejo, así podré mirar y dibujar sin la fastidiosa necesidad de bajar la
cabeza. Cambio de técnica, saco el carbón, empiezo. Estoy cerca del papel,
demasiado cerca, pero no me doy cuenta hasta que no acabo, tomo distancia y la
perspectiva me desvela un rostro deformado por el escorzo y la proximidad. Prácticamente
un 1:1 que no es natural. Repito, esta vez lo intento de frente, busco
controlar mis movimientos al máximo, no permitirme cambiar la posición de la
cabeza. Me tenso, me está costando acabar. Finalmente termino, y de nuevo esa
sensación de observar a una extraña, que para colmo, resulta excesivamente
masculina, no soy yo. Último intento, vuelvo al lápiz, la herramienta que
controlo mejor, y también al escorzo, una mirada traviesa, de lado se va
materializando bajo mi grafito. Al finalizar, sigo sin ser yo, aunque para ser
justos, es lo más cerca que he estado.
Yo me conozco por dentro, llevo años
estudiándome, analizando mis reacciones, mis pensamientos, mis deseos y
anhelos, incluso mis celos y vanidades, todo para que nunca haya alguien que me
conozca mejor de lo que lo hago yo, para que mitigar mis defectos en medida de
lo posible, o al menos ser consciente de ellos, pero también serlo de mis
virtudes. Y en este proceso de autoconocimiento, ¡¿he pasado por alto mis
rasgos faciales?! Lo sé, los antimaterialistas, pensarán que eso no es lo importante,
que lo verdaderamente importante es el interior. Sí, ya, pero dejando a un lado
lo políticamente correcto, ¿cómo podemos cuidar nuestro aspecto, dar una imagen
al mundo, si no sabemos cómo somos en realidad? Como elegir esos valores y ese
estilo que creemos nos representan, si no podemos describirnos, si no nos
conocemos. Porque en eso que dijo Einstein una vez “no entiendo lo que no soy
capaz de dibujar” yo creo férreamente, y lo defenderé hasta la muerte, luego:
no me entiendo.
Y ¿cómo puede ser? Llevo 22 años mirándome al
espejo, soy la primera en detectar las pequeñas imperfecciones propias de
vivir, un granito, una mancha, o un nuevo lunar antes que nadie. Me lavo los
dientes tres veces al día delante de un espejo, me peino, me seco el pelo, a
veces hasta me lo aliso, incluso he bailado y cantado delante de la fría lámina
de metal, y aun así no sé identificar mi rostro. Este es el defecto de mirar
sin ver, y este curso he aprendido que eso es lo que hacemos de primeras todos.
Pasamos por la vida mirando sin ver, y yo hoy que soy consciente de esta
realidad, me pregunto ¿cuántas cosas nos habremos perdido por no ser capaces de
observar, de hacerlo de verdad?
Mi objetivo de ahora en adelante, es aprender
a ver, o al menos intentarlo, empezando por mí, de modo que si algún día me
cruzase conmigo misma, pudiese tener la capacidad de extrañarme ante tal
suceso. Ya que creo que si tamaña incongruencia pudiese ocurrir, la inmensa
mayoría de nosotros no seríamos capaces de darnos cuenta, y pasaríamos ante
nuestro reflejo sin inmutarnos, o con tan solo los resquicios de una vaga
familiaridad.
martes, 8 de enero de 2013
domingo, 6 de enero de 2013
sábado, 5 de enero de 2013
Sí pero no, bueno no sé
Miradas perdidas en el mar de cientos de amargos recueros, que son tus ojos; acuosos pozos, tendentes a la sequía, no por falta de ganas, sino de fuerzas, que riegan cristalinos deseos de amor, ¡qué digo!, de cariño que es más barato y ensucia menos.
En el fondo no quieres nada que yo no quiera; pero ansias algo que no puedo darte. ¿Complicado? ¡qué va!, en tal caso algo rebuscado, porque todo esto no son más que maniobras de estratega para guardar bajo llave eso que tú quieres y no quiero darte; porque me da miedo; porque me horroriza el dolor de perderte aun y cuando nunca te he tenido; y lo peor es que es porque yo no he querido darte la combinación de la caja que escondo bajo mi cama; y que convive con el polvo que deja tu ausencia a mi lado.
domingo, 30 de diciembre de 2012
universos finitos y acabados
Ya no escribo ni sueño contigo, porque he perdido mi pluma, igual está en el universo recóndito al que van los sueños inconclusos.
Me miro en el espejo y sonrío, aunque él solo me devuelve trozos de un espectro yo sé que sonrío y por ahora eso es suficiente, tiene que serlo.
Me pierdo en el bosque que son tus piernas, incluso cuando no me has invitado, sobre todo cuando no me quieres cerca.
Tus ojos me dan calambre, pero eso siempre me ha gustado, aunque ya da todo igual, porque Dios se fue, lo mataron las sombras de los hombres que hoy pueblan el mundo y que se alimentan los unos de los otros.
Oriente ya no nos quiere, ni lo hace Occidente, bajémonos al fondo del océano, tierra de nuevas oportunidades y de llaves perdidas.
Matemos nuevas civilizaciones, porque las viejas ya nos aburren, y soñemos peces de colores mientras morimos al acostumbrarnos a vivir sin aire.
Me miro en el espejo y sonrío, aunque él solo me devuelve trozos de un espectro yo sé que sonrío y por ahora eso es suficiente, tiene que serlo.
Me pierdo en el bosque que son tus piernas, incluso cuando no me has invitado, sobre todo cuando no me quieres cerca.
Tus ojos me dan calambre, pero eso siempre me ha gustado, aunque ya da todo igual, porque Dios se fue, lo mataron las sombras de los hombres que hoy pueblan el mundo y que se alimentan los unos de los otros.
Oriente ya no nos quiere, ni lo hace Occidente, bajémonos al fondo del océano, tierra de nuevas oportunidades y de llaves perdidas.
Matemos nuevas civilizaciones, porque las viejas ya nos aburren, y soñemos peces de colores mientras morimos al acostumbrarnos a vivir sin aire.
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