martes, 12 de febrero de 2013

Dada, el hijo mimado de la ílicita relación del Cabaret Voltaire con Hugo Ball

Hoy rindo homenaje en nombre de este mi rincón personal, al nido de cultivo de las ideas dadaistas, al padre del movimiento suizo, y claro está al Dada mismo. Os traigo el extracto que Hugo Ball (el fundador del Dada de Zurich) escribió en la primera publicación Dada.  (Cabaret Voltaire, Issue 1)

"When I founded the Cabaret Voltaire, I was sure that there must be a few young people in Switzerland who like me were interested not only in enjoying their independence but also in giving proof of it. I went to Herr Ephraim, the owner of the Meierei, and said, “Herr Ephraim, please let me have your room. I want to start a night-club.” Herr Ephraim agreed and gave me the room. And I went to some people I knew and said, “Please give me a picture, or a drawing, or an engraving. I should like to put on an exhibition in my night-club.” I went to the friendly Zürich press and said, “Put in some announcements. There is going to be an international cabaret. We shall do great things.” And they gave me pictures and they put in my annoucements. So on 5th February we had a cabaret. Mademoiselle Hennings and Mademoiselle Leconte sang French and Danish chansons. Herr Tristan Tzara recited Rumanian poetry. A balalaika orchestra played delightful folk-songs and dances.
I received much support and encouragement from Herr M. Slodki, who designed the poster, and from Herr Hans Arp, who supplied some Picassos, as well as works of his own, and obtained for me pictures by his friends O. van Rees and Artur Segall. Much support also from Messrs. Tristan Tzara, Marcel Janco and Max Oppenheimer, who readily agreed to take part in the cabaret. We organized a Russian evening and, a little later, a French one (works by Apollinaire, Max Jacob, André Salmon, A. Jarry, Laforgue and Rimbaud). On 26th February Richard Huelsenbeck arrived from Berlin and on 30th March we performed some stupendous Negro music (toujours avec la grosse caisse: boum boum boum boum – drabatja mo gere drabatja mo bonooooooooo -). Monsieur Laban was present at the performance and was very enthusiastic. Herr Tristan Tzara was the initiator of a performance by Messrs. Tzara, Huelsenbeck and Janco (the first in Zürich and in the world) of simultaneist verse by Messrs. Henri Barzun and Fernand Divoire, as well as a poème simultané of his own composition, which is reproduced on pages six and seven. The persent booklet is published by us with the support of our friends in France, Italy and Russia. It is intended to present to the Public the activities and interests of the Cabaret Voltaire, which has as its sole purpose to draw attention, across the barriers of war and nationalism, to the few independent spirits who live for other ideals. The next objective of the artists who are assembled here is the publication of a revue internationale. La revue paraîtra à Zurich et portera le nom “Dada” (“Dada”). Dada Dada Dada Dada."

Zurich, 15th May 1916.

Dada fue una revolución artística en contra del arte mismo. Lleno de contradicciones, pedía a gritos al mundo que no lo entendiera, y contraatacaba con más confusión. Cierto es que no fue bien bien una corriente artística en el sentido más tradicional del concepto, pero supuso una tormenta que quería romper en mil pedazos el mundo del arte, tal y como había hecho la guerra con las naciones. A veces arte, a veces pura negación del arte. Todo ello no pudo haberse dado sin la incansable persona de Hugo Ball, idealista y escéptico, cuya creencia en la vida no había sido destruida por el profundo escepticismo con el que miraba el mundo a su alrededor. Buscaba férreamente una respuesta con la que poder luchar contra la absurda nada del tiempo que le tocó vivir. Y en el Cabaret Voltaire, de la mano de Tzara, Huelsenbeck, Janko, Arp... lo consiguió. Removieron los cimientos de lo establecido, porque a pesar de lo que años después Tzara confesase "No debes olvidar que la polémica siempre jugó un papel,imprescindible en Dada", este fue una revolución absoluta en las artes visuales, de la que aun hoy nosotros somos herederos directos, en muchas ocasiones sin siquiera saberlo.

lunes, 4 de febrero de 2013

aspiraciones que no aspiran a nada

Nos educan para creer, pero no lo hacen para soñar. Creemos palabras, discursos, personas, mentiras... E incluso cuando somos conscientes de que estos no son más que humo, tenemos que seguir ahí, fingiendo que creemos a pies juntillas, porque ser franco con uno mismo está mal visto, y creer en los ójalas, es tachado de inmadurez.

Pues yo hoy voy a ser niña, voy a volver a soñar, a volver a sonreír, a dejar aun lado toda la carroña marrón de aura borrosa, que solo enturbia mis lúcidas noches de ensueño, en las que vuelvo a ser princesa aventurera, y en las que a los príncipes soy yo quien  los derroca de sus caballos. Hoy vuelvo al mundo en el que no necesito a nadie ni nada de ese catálogo de cosas innecesarias que cada mes me llega por correspondencia a mi bandeja de entrada. Me libero de los prejuicios y de las ataduras invisibles que me acorralan sin siquiera darme cuenta, porque parece ser que es a lo que todos estamos destinados...

Si vosotros no queréis no me sigáis, nunca he necesitado un séquito de seguidores, si no queréis soñar con noches despejadas en las que volver a ver brillar las estrellas, haya vosotros, no soy quién para juzgar ni mucho menos para intentar convencer, pues vida solo hay una y cada quien la desperdicia a su manera, unos soñando miradas lascivas entre sábanas de espuma, otros adormecidos bajo el efecto aletargador de las palabras envenenadas, y quien menos en subir a la montaña más alta que se cruce en su camino. No sabría entre quienes situar mi desquiciada persona, pero seguro que tampoco lo quiero descubrir, porque el conocimiento y la certeza solo son la muerte del éxtasis, y de la aventura, y por ahora no aspiro a nada más.

miércoles, 30 de enero de 2013

No podrán conmigo por mucho que lo intenten

Otra vez choco contra la misma pared.

Otra vez el sabor metálico de la sangre surgiendo a borbotones de una herida fresca, que todavía tardará en cicatrizar.

Otra vez sola ante la misma frustración, vacía, seca.

Pero no es suficiente para arrastrarme al abismo, porque por muy en el suelo que esté, siempre resurjo más fuerte, dura y fría.

Y ante tal realidad solo advierto, que nunca podréis conmigo, porque siempre tengo algo más guardado en la recámara.

domingo, 13 de enero de 2013

Mirar sin ver



Me miro al espejo, eso es fácil, lo he hecho cientos de veces. Me miro, observo, anoto mentalmente cuanto detalle pueda observar, pueda marcar mi rostro, hacerlo característico, único, mío. Después de un rato, me aventuro ante el papel en blanco: primero encajes sin mirar el bloc, aun estamos dentro de lo fácil, ahora soy yo el modelo y sin dejar de mirarme voy trazando diversos apuntes de este primer reconocimiento. Ojos, nariz, boca, esto no es más que una escusa para seguir mirando. Me veo en conjunto y me reconozco, pero cuando voy parte por parte, mis ojos me son ajenos, la forma de mi nariz no me representa y la mueca de mi boca me es extraña, ¿cómo puedo ser yo y dejar de serlo al mismo tiempo? 

Saco punta al lápiz, y me aventuro a un croquis más detallado, primero el ojo, sube un poco, aguanta la curva para finalmente bajar abruptamente y formar el lagrimal. Dibujo y vuelvo a mirar. Continuo así durante toda la geometría de mi faz, no me detengo a pensar en cómo está quedando el resultado, aunque tengo la absoluta certeza de que no reconozco el rostro que estoy desvelando a cada trazo.  Efectivamente, no encuentro nada de mí en este dibujo, ¿cómo puede ser? A lo argo del curso, siempre ha existido ese aire en los dibujos, que si no se parecían a sus modelos, permitía un reconocimiento de tal. Pero ahora, nada, desde la celulosa me observa una cara que me es indiferente.

Más estudios, apuntes, y siempre lo mismo. Busco razones y le echo la culpa a los cambios de posición de mi cabeza entre el período de observación y el de dibujo. Para solucionar esto, pego el papel al espejo, así podré mirar y dibujar sin la fastidiosa necesidad de bajar la cabeza. Cambio de técnica, saco el carbón, empiezo. Estoy cerca del papel, demasiado cerca, pero no me doy cuenta hasta que no acabo, tomo distancia y la perspectiva me desvela un rostro deformado por el escorzo y la proximidad. Prácticamente un 1:1 que no es natural. Repito, esta vez lo intento de frente, busco controlar mis movimientos al máximo, no permitirme cambiar la posición de la cabeza. Me tenso, me está costando acabar. Finalmente termino, y de nuevo esa sensación de observar a una extraña, que para colmo, resulta excesivamente masculina, no soy yo. Último intento, vuelvo al lápiz, la herramienta que controlo mejor, y también al escorzo, una mirada traviesa, de lado se va materializando bajo mi grafito. Al finalizar, sigo sin ser yo, aunque para ser justos, es lo más cerca que he estado. 

Yo me conozco por dentro, llevo años estudiándome, analizando mis reacciones, mis pensamientos, mis deseos y anhelos, incluso mis celos y vanidades, todo para que nunca haya alguien que me conozca mejor de lo que lo hago yo, para que mitigar mis defectos en medida de lo posible, o al menos ser consciente de ellos, pero también serlo de mis virtudes. Y en este proceso de autoconocimiento, ¡¿he pasado por alto mis rasgos faciales?! Lo sé, los antimaterialistas, pensarán que eso no es lo importante, que lo verdaderamente importante es el interior. Sí, ya, pero dejando a un lado lo políticamente correcto, ¿cómo podemos cuidar nuestro aspecto, dar una imagen al mundo, si no sabemos cómo somos en realidad? Como elegir esos valores y ese estilo que creemos nos representan, si no podemos describirnos, si no nos conocemos. Porque en eso que dijo Einstein una vez “no entiendo lo que no soy capaz de dibujar” yo creo férreamente, y lo defenderé hasta la muerte, luego: no me entiendo. 

Y ¿cómo puede ser? Llevo 22 años mirándome al espejo, soy la primera en detectar las pequeñas imperfecciones propias de vivir, un granito, una mancha, o un nuevo lunar antes que nadie. Me lavo los dientes tres veces al día delante de un espejo, me peino, me seco el pelo, a veces hasta me lo aliso, incluso he bailado y cantado delante de la fría lámina de metal, y aun así no sé identificar mi rostro. Este es el defecto de mirar sin ver, y este curso he aprendido que eso es lo que hacemos de primeras todos. Pasamos por la vida mirando sin ver, y yo hoy que soy consciente de esta realidad, me pregunto ¿cuántas cosas nos habremos perdido por no ser capaces de observar, de hacerlo de verdad? 

Mi objetivo de ahora en adelante, es aprender a ver, o al menos intentarlo, empezando por mí, de modo que si algún día me cruzase conmigo misma, pudiese tener la capacidad de extrañarme ante tal suceso. Ya que creo que si tamaña incongruencia pudiese ocurrir, la inmensa mayoría de nosotros no seríamos capaces de darnos cuenta, y pasaríamos ante nuestro reflejo sin inmutarnos, o con tan solo los resquicios de una vaga familiaridad.

sábado, 5 de enero de 2013

Sí pero no, bueno no sé



  Miradas perdidas en el mar de cientos de amargos recueros, que son tus ojos; acuosos pozos, tendentes a la sequía, no por falta de ganas, sino de fuerzas, que riegan cristalinos deseos de amor, ¡qué digo!, de cariño que es más barato y ensucia menos.

  En el fondo no quieres nada que yo no quiera; pero ansias algo que no puedo darte. ¿Complicado? ¡qué va!, en tal caso algo rebuscado, porque todo esto no son más que maniobras de estratega para guardar bajo llave eso que tú quieres y no quiero darte; porque me da miedo; porque me horroriza el dolor de perderte aun y cuando nunca te he tenido; y lo peor es que es porque yo no he querido darte la combinación de la caja que escondo bajo mi cama; y que convive con el polvo que deja tu ausencia a mi lado.